La justicia federal de Nueva York imputa por torturas a Nicolás Maduro y Cilia Flores
La fiscalía del Distrito Sur de Nueva York presentó nuevos cargos por conspiración para cometer torturas contra Nicolás Maduro y Cilia Flores, sumando la represión sistemática a las acusaciones por narcotráfico.


Durante casi tres décadas, el aparato de poder chavista operó convencido de que sus métodos represivos quedarían cubiertos por la impunidad. Los informes de comisiones internacionales y las denuncias de organismos de derechos humanos acumularon expedientes detallados sobre abusos, pero ninguna instancia judicial con capacidad de detención había sentado a la cabeza de esa estructura frente a un tribunal penal por infligir sufrimiento deliberado. Ese escenario cambió este jueves 8 de octubre en Manhattan.
La fiscalía federal del Distrito Sur de Nueva York presentó una acusación formal ampliada contra Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, agregando el cargo de conspiración para cometer tortura a las imputaciones previas por narcoterrorismo, tráfico de drogas y posesión de armas. El escrito sostiene que Maduro no solo autorizó el uso de tormentos contra personas específicas al asumir el poder en 2013, sino que supervisó de manera continua un sistema diseñado para emplear detenciones arbitrarias, violencia física y tratos crueles para silenciar a la oposición y doblegar a presos extranjeros.
Pruebas concretas en el expediente
La acusación describe con precisión hechos cometidos bajo las órdenes directas de la cúpula chavista. Entre los casos incorporados figura el de un oficial militar arrestado en 2013 bajo sospecha de conspiración, a quien agentes de contrainteligencia militar colgaron de pies y manos y aplicaron descargas eléctricas en una veintena de ocasiones. El expediente documenta también el trato dispensado a un ciudadano estadounidense retenido en 2022 al ingresar a Venezuela: tras ser acusado falsamente de planear un magnicidio, fue golpeado y sometido a electrochoques en brazos, piernas y genitales.
Los fiscales sostienen que más de una decena de ciudadanos estadounidenses sufrieron aislamientos prolongados, golpizas y asfixia en centros de reclusión venezolanos como parte de esa misma política represiva. Con estos nuevos cargos, la causa judicial en Estados Unidos deja de centrarse únicamente en las operaciones de contrabando de cocaína y aborda el terrorismo de Estado ejercido contra civiles desarmados y opositores políticos.
Reclusión en Brooklyn y maniobras de la defensa
Maduro y Flores permanecen detenidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn desde el 3 de enero de 2026, cuando fueron capturados en Caracas. Ambos se declararon no culpables de los cargos iniciales de drogas y armas, y tienen fijado el inicio del juicio para el 1 de junio de 2027. Sus abogados han intentado invalidar el proceso invocando inmunidad diplomática y calificando su captura de secuestro militar.
Paralelamente a la presentación del nuevo pliego de cargos, Flores compareció ante el juez Alvin Hellerstein para solicitar el beneficio de arresto domiciliario, alegando problemas cardíacos que requerirían un procedimiento médico. Su defensa propuso trasladarla a una residencia en Nueva York custodiada por seguridad privada costeada por el Estado venezolano. La fiscalía se opuso de forma tajante, señalando que la detenida recibe atención médica adecuada en prisión y que permitir su salida generaría un riesgo extremo de fuga y facilitaría la intimidación de testigos que colaboran en el caso.
Para quienes padecieron durante años el desmantelamiento institucional, el racionamiento impuesto y la violencia de los cuerpos de seguridad, ver a los responsables de esos abusos responder por torturas ante un juez independiente marca un precedente histórico. La maquinaria que utilizó el poder para perseguir y destruir vidas finalmente rinde cuentas donde los decretos arbitrarios no tienen ningún valor.
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