El cobro de la recompensa: Jorge Rodríguez y su nuevo estatus en Washington
La salida de Jorge Rodríguez de la lista de la OFAC, confirmada hoy, cierra el círculo de una operación de entrega que comenzó con la captura de Nicolás Maduro. Para el autor, esto representa el cobro de recompensas millonarias y confirma el rol de Rodríguez como un operador pragmático que sirve a sus propios intereses.


La noticia, confirmada este 14 de octubre de 2026 por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE.UU., no sorprende a quienes hemos seguido de cerca la implacable maquinaria de supervivencia del chavismo. Jorge Jesús Rodríguez Gómez ha sido eliminado de la lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN), la infame lista de la OFAC. Para el observador atento, esto no es más que el cobro de un cheque.
Durante años, el nombre de Rodríguez fue sinónimo del aparato de opresión y propaganda del régimen. Sin embargo, tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por fuerzas estadounidenses en Caracas, a principios de enero de este año, el tablero político cambió radicalmente. Ese evento marcó el inicio de un proceso de reordenamiento donde las lealtades fueron puestas a prueba y los intereses personales prevalecieron sobre la ideología.
La remoción de Jorge Rodríguez sigue un patrón claro y sistemático. Recordemos que el pasado 1 de abril, la OFAC ya había retirado las sanciones contra Delcy Rodríguez, su hermana y actual presidenta encargada del país. Ahora, le toca el turno a Jorge. Si analizamos la cronología, todo encaja: primero entregaron al pez gordo, Maduro, por quien pesaba una recompensa de 50 millones de dólares. Hace apenas unos días, se concretó la entrega de Álvaro Pulido, sumando otros millones a la cuenta de los buscados. Menos de una semana después, Rodríguez ve su nombre limpio en el registro oficial de EE.UU.
Para quien escribe, la conclusión es inequívoca. Jorge Rodríguez no ha sido removido de la lista por un cambio de corazón de la administración Trump ni por un arrepentimiento genuino. Ha sido removido porque él, actuando como el principal operador de esta transición forzada, ha facilitado la entrega de los cabecillas y testaferros que el Departamento de Justicia reclamaba. Los más de 60 millones de dólares en recompensas por las cabezas de estos individuos han ido, de alguna forma, a parar a manos de Rodríguez, quien se ha convertido en el gran beneficiario de la caída de sus antiguos camaradas.
Rodríguez, un hombre pragmático y calculador, ha demostrado una vez más que su única lealtad es hacia sí mismo. Su capacidad para maniobrar en las sombras y anticipar el desenlace del conflicto le ha permitido pasar de ser un sancionado por terrorismo de estado a un interlocutor válido para Washington, todo ello mientras capitaliza las recompensas puestas por la justicia estadounidense sobre sus antiguos aliados. Es un desenlace cínico pero eficiente para un personaje que, en mi opinión, siempre ha servido a una agenda propia.
La pregunta que queda en el aire es qué sigue en este nuevo capítulo de la política venezolana. Con la cúpula original desmantelada y operadores como Rodríguez libres de las sanciones estadounidenses, el escenario se prepara para una reconfiguración total, donde el pragmatismo y los intereses económicos parecen ganar terreno frente a la retórica política del pasado. La era de Maduro ha terminado y, con ella, el cobro de su recompensa ha comenzado.
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