Panamá bajo la sacudida de un sismo mayor y la lección sobre la solidez de las cosas bien hechas
Un potente sismo sacudió a Panamá este viernes. A la espera de evaluaciones definitivas en las zonas rurales, los primeros reportes muestran que la ingeniería y las normas técnicas marcan la diferencia cuando la naturaleza golpea.


Un terremoto de magnitud 7.6 a escasa profundidad es un evento mayúsculo en cualquier parte del planeta. Cuando la tierra se fractura con semejante energía a apenas doce kilómetros de la superficie, como ocurrió este viernes en la península de Azuero, entre las provincias de Herrera y Los Santos, el resultado previsible suele ser el desastre absoluto. Sin embargo, en las primeras horas posteriores al temblor, el panorama que llega desde Panamá invita a una reflexión sobre la preparación y la seriedad con la que las sociedades levantan su infraestructura.
Los datos científicos explican la violencia de la sacudida. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá y el Servicio Geológico de los Estados Unidos confirmaron que la falla Azuero-Soná liberó energía acumulada poco antes de la una de la tarde. El movimiento se sintió con fuerza en la capital panameña, a más de doscientos kilómetros del epicentro, provocando la evacuación ordenada de torres corporativas, centros comerciales y universidades, e incluso llegó a percibirse en San José de Costa Rica. Hubo caída de plafones, interrupciones en las líneas telefónicas y daños materiales en localidades como Chitré y Playa Venao, pero el Canal de Panamá mantuvo sus operaciones normales y el Sistema Nacional de Protección Civil no ha reportado, al cierre de los primeros balances, personas fallecidas ni heridos graves.
La diferencia entre construir y estafar
Los balances en eventos de esta naturaleza son preliminares y siempre deben tomarse con prudencia. La zona más cercana al epicentro es rural, las comunicaciones sufrieron cortes y las réplicas continúan registrándose. Asimismo, el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico emitió advertencias para la franja costera que obligan a mantener la guardia alta. Pero el hecho de que una estructura urbana y nacional soporte un embate de esta magnitud sin desplomarse como un castillo de naipes habla de algo fundamental: el respeto a las normas técnicas de construcción y la existencia de controles que funcionan.
Quienes venimos de Venezuela conocemos la otra cara de la moneda. Sabemos lo que ocurre cuando el desprecio por la ingeniería, la improvisación política y el saqueo descarado sustituyen al criterio profesional. En nuestro país, los desastres naturales nunca fueron solamente naturales; fueron tragedias multiplicadas por la desidia oficial. Vimos cómo levantaron urbanismos enteros sobre terrenos inestables, en laderas que los propios científicos habían advertido como inhabitables, simplemente para montar tarimas de propaganda y repartir llaves sin cimientos reales. Esos proyectos, construidos con materiales deficientes por contratistas oscuros, se convirtieron con los años en trampas mortales para las familias humildes.
Nadie invierte con confianza ni vive seguro cuando las instituciones no son más que un cascarón servil al poder. En un país serio, los códigos de edificación se fiscalizan para proteger vidas, no para cobrar una coima y mirar hacia otro lado. Por eso, ver que una nación vecina afronta un evento sísmico de gran escala con protocolos de evacuación claros, servicios esenciales en pie y daños contenidos dentro de lo humanamente previsible, demuestra que la diferencia entre una catástrofe y un susto superable radica en la decencia con la que se administra lo público.
Mantener la prudencia y acompañar la recuperación
El peligro no desaparece de inmediato. Las autoridades panameñas han insistido en que la población permanezca fuera de estructuras con grietas visibles y utilice canales de mensajería para evitar el colapso de las redes. La evaluación en los caseríos de Los Santos y Herrera continuará durante las próximas horas, mientras se vigila el comportamiento del mar ante la alerta de oleaje anómalo en el litoral pacífico.
Hacemos votos sinceros para que los reportes sigan confirmando la ausencia de pérdidas humanas y que la tranquilidad retorne pronto a los hogares de Azuero y de todo el país. Que este episodio sirva como recordatorio de que los pueblos prosperan cuando se apoyan en el conocimiento técnico, el trabajo honesto y la responsabilidad institucional, lejos de la mediocridad y la corrupción que tanto daño han hecho a nuestra región.
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