Tragedia esquivada en la ARC: choque múltiple en Paracotos y la vulnerabilidad del conductor venezolano
Un aparatoso accidente en el kilómetro 33 de la Autopista Regional del Centro involucró a más de 15 vehículos este domingo. Aunque milagrosamente no se reportan fallecidos, el suceso expone una vez más la precaria realidad de nuestras vías y el desamparo del ciudadano común.


La mañana de este domingo, la Autopista Regional del Centro (ARC) volvió a convertirse en el escenario de una pesadilla para decenas de familias. En las inmediaciones del kilómetro 33, en el tramo Miranda entre Maitana y Paracotos con sentido hacia Maracay, se desató una colisión múltiple de magnitudes alarmantes. Más de una decena de automóviles particulares, camiones y unidades de carga pesada quedaron convertidos en un amasijo de metal retorcido, paralizando por completo el tránsito en la arteria vial más transitada de Venezuela.
El milagro entre el caos
Los reportes iniciales dan cuenta de al menos una veintena de personas lesionadas con distintos niveles de gravedad. Equipos de bomberos, paramédicos viales y efectivos de seguridad acudieron al lugar para rescatar a conductores atrapados entre las carrocerías y trasladar a los heridos a centros asistenciales cercanos. En medio del dramatismo y de imágenes desoladoras que rápidamente inundaron las redes sociales, el hecho de que hasta el momento no se hayan reportado víctimas fatales constituye un auténtico milagro que alivia, al menos en parte, la angustia de los venezolanos.
Sin embargo, un milagro no puede ser la única póliza de seguro que tengamos los ciudadanos al salir a una autopista nacional. Quienes nos criamos viendo cómo se destruía gradualmente el aparato público del país entendemos con dolor que estos hechos no son casos aislados ni simples casualidades de la fatalidad.
El reflejo del abandono en el asfalto
El ciudadano de a pie, el transportista que intenta ganarse el sustento y las familias que se trasladan por el territorio nacional se enfrentan a diario a carreteras plagadas de huecos, desniveles sin señalizar, tramos a oscuras y una alarmante carencia de fiscalización técnica de los vehículos de carga. Durante décadas, el saqueo desmedido de los recursos públicos relegó el mantenimiento de la infraestructura nacional a una fantasía de propaganda, mientras las vías se convertían en trampas mortales.
Transitar por la Autopista Regional del Centro exige de cada conductor una concentración sobrehumana, no solo para sortear las fallas del asfalto o los derrames de lubricantes, sino también para esquivar unidades que circulan sin condiciones mecánicas mínimas por la imposibilidad económica de reemplazo de repuestos o la falta total de supervisión rigurosa en los peajes.
La urgencia de proteger la vida del ciudadano
Un país verdaderamente republicano y moral tiene como primer mandamiento salvaguardar la vida, la integridad y la dignidad de su gente. No basta con desplegar cuadrillas de emergencia después de que ocurre el siniestro para levantar los escombros y reabrir el paso burocráticamente. Es indispensable que el Estado cumpla de una vez por todas su función elemental de garantizar vías seguras, controles de peso y velocidad auténticos, y una respuesta hospitalaria a la altura de cualquier contingencia.
Hoy oramos con el corazón por la pronta y completa recuperación de cada uno de los compatriotas lesionados en Paracotos. Que este susto mayúsculo sirva de recordatorio perentorio: Venezuela no puede seguir viviendo a expensas de la suerte. La reconstrucción de las instituciones y del orden público también pasa por recuperar el derecho a transitar por carreteras dignas y seguras.
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